martes, 29 de diciembre de 2009

Consejos para cuando te sentís solo

Consejos para cuando te sentís solo

Yo no se si es por la época del año (hoy es 29/12/09) o porque desde hace un tiempo no logro una pareja medianamente normal (no digo una linda pareja, sino alguien que se ajuste someramente a lo que coloquialmente entendemos por “buen amor”) pero hay muchos momentos en que me siento solo. No creo que sea una característica propia de la comunidad. Hoy casualmente me encontré con Mabel en la conferencia de prensa del San Martin y me decía que no se va de vacaciones porque “para ir sola…”. En fin… estés en pareja, separado, solo de toda soledad, seas un ermitaño, vivas de milonga en milonga como el neurótico de Guillermo para no detenerte un minuto a ver que te pasa adentro, curtas con todo hombre que se te cruce no importa si te gusta o no, pases horas conectado a un chat absolutamente frustrante o hayas renunciado definitivamente a la posibilidad de una relación afectiva con alguien; siempre hay un momento en que la soledad te espera constante en algún rincón de tu alma y, de conchuda que es, justo lo hace en el momento en que no queríamos estar solos.

No se que harán ustedes pero acá les dejo unos consejos que a mi me vienen muy bien cuando la soledad desespera. Algunos son muy sanos, otros no tantos, muchos me sirven y otros simplemente me mantienen un poco ocupado retrasando el momento en que me siento solo:

_ Voy a nadar. El deporte no sólo produce endorfinas que nos mejoran el ánimo sino que en el vestuario del club puedo ver unos hermosos tipos en pelotas que son un placer observarlos y si es mi día de suerte, traerlos a casa (vivo cerca del club) y tener un momento de sexo absolutamente desinteresado.

_ Voy a alguno de los innumerables bares de Palermo y me leo todo el diario (si, todo…hasta la sección bestiario del suple de espectáculos de Nación que es lo peor que se escribió en periodismo). El hecho de estar en una veredita, tomando un rico café y concentrado en la lectura me cambia de escenario. Me siento cómodo, relajado y siempre pasa un chico lindo al cual mirar. Rara vez levanto en la calle así que sólo me dedico al placer visual pero no descarto la posibilidad de que un buen amor este sentado en la mesa de enfrente.

_ Llamo a Ángel y Pablo, una pareja de amigos, y les digo que me siento sólo y les pregunto si comemos juntos. Eso automáticamente genera que Pablo se ponga a cocinar algo rico, yo lleve un vinito y pasemos una linda noche hablando de bueyes perdidos y encontrados. Si llego temprano, paso por lo del Polaco que tiene un almacén cerca de la casa de ellos y si no hay clientes me practica sexo oral atrás de la góndola de los artículos de limpieza.

_Me pongo a escribir. Una actividad concreta, que nos exige concentrarnos en lo que estamos haciendo nos despeja el cerebro, nos limpia los pensamientos y nos puede poner muy contentos si escribimos una linda imagen. La desventaja es que solo en casa no tengo la posibilidad de conocer a nadie pero no sacrifico la creación de una linda frase por la posibilidad remota de encontrar compañía.

_Me masturbo hasta la saciedad. Después de la tercera paja uno sólo quiere estar solo.

_ Fumo y tomo vino para mantener mi boca y manos ocupada. El alcohol me da sueño así que después duermo de maravillas.

_Ordeno mi casa. En un ambiente desordenado no puede surgir la tranquilidad. Mejorar el lugar donde estamos es la mejor manera de sentirnos bien.

_Me meto en un chat gay hasta que me doy cuenta de que está lleno de forros y de que no tengo puta gana de salir de casa a la una de la mañana para encontrarme con un perfecto desconocido que, por lo general, resulta ser una persona con la que jamás tomaría un café.

_Lo llamo a Jorque que siempre me hace reír y me levanta el ánimo.

_Me googleo a ver en cuántas páginas aparezco. Este ejercicio vanidoso es absolutamente estúpido pero cuando te sentís solo te baja la autoestima y un mimo al ego viene bien.

Y finalmente, cuando me harté de todo eso que no me condujo a nada, me miro a mi mismo y me pregunto seriamente por qué no tengo un compañero. ¿Será un problema del afuera o algo que tiene que ver conmigo? ¿Seré yo o es un mal de la época? Seguramente es un poco de cada cosa pero de algo estoy seguro: ni garche compulsivo ni pasiones neuróticas ni cualquier cosa con tal de no estar solo. Quizás, cuando el estar solo no sea tan terrible este listo para un buen amor.

El salmón rosado

domingo, 20 de diciembre de 2009

Resistencia Inutil

Hoy fui a ver un espectáculo de tango en el Teatro El Cubo que hace una pareja de bailarines muy buenos. Ella es joven y linda, él es viejo y sería lindo si no se empecinara en pasar por joven.
En el estreno estaba Augusto, el de la milonga gay, al que le ocurre exactamente lo mismo.
Entiendo que cuando tu profesión es ser bailarín, tenés que mantenerte en forma pero no creo que eso signifique hacer a los cincuenta y pico lo que se puede hacer a los veintes.
Creo que lo mismo le pasa a muchos otros gays que no son bailarines pero se empeñan en mantener una apariencia veinte años menor. A nadie le gusta envejecer pero nadie puede evitarlo tampoco. No estoy hablando de dejarse estar y echarse al abandono sino de entender que si llegamos al medio siglo, lo mejor que podemos hacer es ver de qué manera puede llevarse esa edad de la mejor manera posible. Pero hacer creer (y creérnosla nosotros también) que tenemos treinta es querer encajar un cubo en un rectángulo.
Tendrían que haber visto la cara de esfuerzo sobrehumano cuando el bailarín intentaba hacer una coreografía que, seguramente, le saldría bien en el pasado pero que ahora le cuesta un esfuerzo enorme. La carrera contra el tiempo está perdida de antemano.
A La Mashall va un chico, Adrián creo que se llama, que es profesor de gimnasia. Tiene un físico muy bien conservado y se viste como un adolescente. Cuando le vez la cara y notas las arrugas como si hubieran sido marcadas a cuchillazos te produce una contradicción inevitable. La cara no está en armonía con el resto. El cuerpo de un pendejo no es igual al de adulto por más que este último se pase 15 horas por día en el gimnasio.
Mala época para la gente grande, es cierto. Pero, si en vez de tratar de ser aquello no somos ni volveremos a ser jamás tratamos de mostrar lo que tenemos de bueno hoy estoy seguro de que sorprenderíamos a más de uno. Un veinteañero lindo será un lindo cuarentón y a los cincuenta seguirá siendo atractivo. A los sesenta será un adulto mayor y si supo cuidarlo, tendrá el mismo sex appeal. Siempre va a haber alguien más joven que nosotros, por qué entonces competir en ese rubro?
El salmón rosado

¿Por qué los periodistas trabajamos como el culo? Un ejemplo práctico

En el último tiempo, el trabajo periodístico se vio muy cuestionado (con justa razón) por su mala calidad. No hablo aquí de los popes de la ...