domingo, 20 de diciembre de 2009

Resistencia Inutil

Hoy fui a ver un espectáculo de tango en el Teatro El Cubo que hace una pareja de bailarines muy buenos. Ella es joven y linda, él es viejo y sería lindo si no se empecinara en pasar por joven.
En el estreno estaba Augusto, el de la milonga gay, al que le ocurre exactamente lo mismo.
Entiendo que cuando tu profesión es ser bailarín, tenés que mantenerte en forma pero no creo que eso signifique hacer a los cincuenta y pico lo que se puede hacer a los veintes.
Creo que lo mismo le pasa a muchos otros gays que no son bailarines pero se empeñan en mantener una apariencia veinte años menor. A nadie le gusta envejecer pero nadie puede evitarlo tampoco. No estoy hablando de dejarse estar y echarse al abandono sino de entender que si llegamos al medio siglo, lo mejor que podemos hacer es ver de qué manera puede llevarse esa edad de la mejor manera posible. Pero hacer creer (y creérnosla nosotros también) que tenemos treinta es querer encajar un cubo en un rectángulo.
Tendrían que haber visto la cara de esfuerzo sobrehumano cuando el bailarín intentaba hacer una coreografía que, seguramente, le saldría bien en el pasado pero que ahora le cuesta un esfuerzo enorme. La carrera contra el tiempo está perdida de antemano.
A La Mashall va un chico, Adrián creo que se llama, que es profesor de gimnasia. Tiene un físico muy bien conservado y se viste como un adolescente. Cuando le vez la cara y notas las arrugas como si hubieran sido marcadas a cuchillazos te produce una contradicción inevitable. La cara no está en armonía con el resto. El cuerpo de un pendejo no es igual al de adulto por más que este último se pase 15 horas por día en el gimnasio.
Mala época para la gente grande, es cierto. Pero, si en vez de tratar de ser aquello no somos ni volveremos a ser jamás tratamos de mostrar lo que tenemos de bueno hoy estoy seguro de que sorprenderíamos a más de uno. Un veinteañero lindo será un lindo cuarentón y a los cincuenta seguirá siendo atractivo. A los sesenta será un adulto mayor y si supo cuidarlo, tendrá el mismo sex appeal. Siempre va a haber alguien más joven que nosotros, por qué entonces competir en ese rubro?
El salmón rosado

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