El último tiempo estuve viendo varias obras de teatro off en las
cuales los personajes eran gays. Además, muchos de los
actores/directores/dramaturgos de esas obras también eran gays. Es decir, solo a
fines de contextualizar, era teatro de temática gay hecho por gays. Algunas de ellas muy buenas, otras no tanto, pero todas con la intención de dar
visibilidad a la comunidad y tocar temas que nos involucran.
Hasta ahí, todo muy bien, me encanta la idea. Pero (en este
blog siempre hay un pero) la imagen del gay que construyen muchas de esas obras
es de una homofobia apabullante. El uso del estereotipo construido durante
décadas por una televisión y un teatro comercial que lo único que buscaba era
ridiculizar a la comunidad para hacer reír a un público pacato ahora es
utilizado por los mismos homosexuales en sus obras pretendidadmente progres.
En una de las últimas obras que vi (que no era una mala obra
en general) se tocaba el tema de la histeria y la dificultad para entablar
relaciones profundas entre personas del mismo sexo. Es decir, un tema que da
tela para cortar, que permite reflexionar sobre una de las cuestiones que
aparecen en todas las charlas de amigos y lamentos de solteros sin suerte. El
punto es que uno de los protagonistas aparece en un momento con pantuflas
rosas, hecho que causa la carcajada de gran parte de la platea que se dividía
en mujeres y hombres homosexuales en su mayoría. Seamos honestos, ustedes
conocen a algún gay que use pantuflas rosas?? Para postre, el chico en cuestión
(como si faltara algo más para ridiculizarlo) limpiaba obsesivamente los
muebles con un paño en una actitud similar al mucamo de "La jaula de las locas".
Y cuando creí que ya habíamos llegado al punto más alto el personaje aparece
vestido con una bata. Adivina el color. Sí, rosa!
Esto de las pantuflas es solo una muestra de lo que puede
verse en teatro cuando se va a ver una obra “gay”. Por lo general, salvo
excepciones donde se trata el tema con adultez, cariño y respeto, la imagen del
gay que dan este tipo de propuestas teatrales crean un estereotipo más o menos
así:
El homosexual va por la vida bailando como Lady Gaga o
Madonna, viste ropa ajustada no importa la circunstancia, habla en femenino
acerca de todos los hombres, siempre es sexualmente pasivo, puede interrumpir
la noche de bodas porque se cruzó con un chongo que lo calentó, es amanerado,
femenino, emocionalmente inmaduro, histérico, le presta una atención enfermiza
a su ropa interior, arrastra una compulsión sexual irrefrenable las 24 horas,
es cruel con quien lo ama y, del hombre, lo que más le importa es el tamaño del
pene.
Yo entiendo, que en la búsqueda del humor, muchas veces se
echa mano al chiste que ya está probado y a la imagen que puede entenderse
rápidamente. También entiendo que es más fácil hacer un estereotipo que lidiar
con las complejidades de un ser humano para construir un personaje. Hasta puedo
aceptar que muchos de esos personajes se parecen a gays que he conocido. Pero,
lo que me cuesta digerir es la simplificación del homosexual que hacen estos
directores y dramaturgos.
A que voy con todo esto? Es realmente llamativo que las
comedias gays hechas por gente gay se parecen demasiado a las comedias de
Fabian Gianola cuando hacía el personaje de maricón, que la caracterización
planteada por estos artistas está más cerca de la imitación burda de una
mariquita que de la personalidad de muchos hombres gays que no solamente no se
sienten identificados sino que están en contra de que alguien intente
definirlos de esa manera.
El uso de un estereotipo puede ser efectivo para resumir
rápidamente a un personaje pero también es cierto que ese resumen no es
ingenuo. Toma de la totalidad la parte que quiere destacar y, según como se
use, puede ser divertido pero también puede ser cruel. Puede usarse para
resaltar una característica que queremos destacar porque sirve a la historia o
puede usarse para hacer una reducción grotesca y dar visibilidad solamente a
una parte ocultando, consciente o inconscientemente, el resto de la realidad.
El teatro siempre me ha parecido un lugar ideal para
pensarnos a nosotros mismos. Al ver el drama en escena uno puede tomar
distancia, ver la situación desde otros ángulos y reflexionar sobre la propia
vida. Ir al teatro es una experiencia que nos enriquece como personas. Pero a
veces el teatro se empobrece y nos brinda una visión pequeña del tema que
trata. Se olvida que el off es un terreno de investigación y que pierde su
sentido cuando reproduce lo que hace el teatro comercial.
Seguramente, cuando pase un poco este auge de obras con
temática homosexual y los dramaturgos y directores puedan tomarse un tiempo
para crear sus personajes, dejaremos de ver teatro marica y podamos ver obras
de temática gay.
Un abrazo.
El salmón rosado
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