domingo, 6 de noviembre de 2022

¿Por qué los periodistas trabajamos como el culo? Un ejemplo práctico

En el último tiempo, el trabajo periodístico se vio muy cuestionado (con justa razón) por su mala calidad. No hablo aquí de los popes de la profesión que, sobres mediante, se dedican a desinformar y a hacer operaciones de prensa. Hablo del laburante, el periodista que quiere hacer un buen laburo y, sin embargo, termina trabajando mal porque no hay condiciones que permitan un mínimo de profesionalismo.

Va un ejemplo concreto y sencillo. En los últimos días hubo una polémica en torno a los trenes a Mar del Plata. Un ex diputado del PRO publicó una foto que mostraba el vagón completamente vacío y acompañó la imagen con un texto donde afirmaba que los trenes salen sin pasajeros porque todos los boletos son comprados por las empresas de micros. De este modo, esos empresarios buscan obligar a los usuarios a utilizar sus servicios.


Esta teoría conspirativa fue rápidamente desmentida por Trenes Argentinos que aseguró que la formación viajaba con una ocupación del 100%. El ex diputado en cuestión volvió a la carga y afirmó que el mismo día que se ponen en venta los pasajes aparecen agotados. Nuevamente, la empresa ferroviaria salió a desmentir y explicó que los boletos que mencionaba el ex legislador se  habían puesto a la venta 20 días antes. 


El denunciante mantuvo su posición y siguió afirmando que los coches salen sin pasajeros. Trenes Argentinos, por su parte, volvió a desmentirlo. Los periodistas que cubrieron la noticia revisaron las cuentas de Twitter de ambos involucrados (toda la marcha y contramarcha se produjo en esa red social) y uno que otro llamó al encargado de prensa de Trenes Argentinos para pedir alguna declaración.




En concreto, el periodismo informó que un diputado denuncia que los trenes a Mar del Plata salen vacíos y que la empresa desmiente esa denuncia. Ahora, ningún periodista decidió ir a la Estación Constitución, tomarse el tren a la Feliz y contar cuántos pasajeros suben, cuántos bajan en paradas intermedias y cuántos llegan al destino final. Al otro día, luego de parar en un hotel, el periodista en cuestión debería tomarse el tren de regreso y hacer la misma tarea. 


De ese modo, más allá de lo que diga la empresa o lo que pueda denunciar el ex diputado, el periodista estaría en condiciones de informar fehacientemente qué está pasando con el tren a Mar del Plata. En definitiva, si la persona A dice que llueve y la persona B dice que hay sol, como periodistas no tenemos que limitarnos a publicar las dos campanas sino que tenemos que abrir la puta ventana y fijarnos si llueve o no.


¿Por qué no se hace? ¿Por qué nos limitamos a sacar la información de las redes sociales y, como gran esfuerzo de producción, levantar el teléfono y hacer una pregunta. ¿Por qué hacemos nuestro trabajo tan mal? Porque no nos queda otra. Paso a explicar.


Hacer esa nota de manera profesional lleva un día. Hay que tomarse un tren, viajar seis horas y volver a tomarlo al día siguiente. Pongamos que conseguimos el pasaje gratis porque la empresa nos lo facilita. Tenemos que pagar una noche de hotel y faltar un día a la redacción. Los medios no suelen invertir en la producción de notas. No van a pagar un alojamiento y no van a dar viáticos. Tampoco quieren que un periodista esté todo el día afuera trabajando en una noticia cuando en una jornada puede redactar ocho notas (a las corridas y con los errores que ya conocemos) para actualizar la web del diario con la velocidad que los editores exigen. 


Por eso, en vez de “buscar la verdad” acerca del tren a Mar del Plata, nos dedicamos a navegar las redes sociales, a escribir como autómatas, a “crear contenido” y a tratar de poner un título lo suficientemente escandaloso que lleve al lector a hacer click en nuestra nota. Al fin y al cabo, a los medios digitales hoy en día no les interesa informar ni reflexionar. Solo quieren que los lectores entren en los artículos para que la estadística de Google les de una cifra razonable. Una vez que entraron, poco importa si leen la nota o no, si obtuvieron información útil o si leyeron un contenido de calidad. Eso no lo mide el algoritmo.


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