miércoles, 27 de febrero de 2013



¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?????


¿Por qué lo erótico se nos disocia de lo amoroso?


Mientras surfeo perfiles en Manhunt, me acuerdo que cuando se casó Roberto Piazza, que si bien no es representativo de toda la comunidad encaja en una categoría bastante grande y en franco crecimiento, todavía no había dicho “Si, quiero” y ya estaba aclarando (junto a su futuro marido) que ellos eran una pareja abierta y que pensaban seguir cogiendo con cualquiera como si tal cosa. Uno de los perfiles (de Manhunt) dice “en pareja enamoradísimo, buscando diversión”, otro perfil aclara “no quiero compromiso, ya lo tengo, busco (nuevamente) diversión. Parece que coger es “tan divertido” como un parque de diversiones, una película pochoclera, el programa de la Canosa (¡!) o una salida con amigos!!! El tema es que entre lo “divertido” y tu pareja o el tipo con el que podés compartir muchas cosas o mantener un buen diálogo parece abrirse un abismo.

Y en ese abismo ancho como las caderas Alejandra Rampolla de un lado queda lo amoroso, lo tierno, la compañía, el cuidado mutuo y la vida en común mientras que del otro cae el sexo desenfrenado, la transpiración compartida, la lengua curiosa, el arquear la columna ante un roce oportuno y el terminar agotado, contento y satisfecho. Aunque esto no siempre es así, la tendencia es clara.

Puedo entender (poniendo buena voluntad) que con los años la pasión decae pero también es cierto que lo que te gusta te puede seguir gustando – al fin y al cabo a mi hace años que me gusta tomar café express y sigo sintiendo el mismo placer cada mañana en el bar mientras leo el diario. También puedo entender que a veces uno necesita un sacudón distinto, una mano que haga otro recorrido, un cuerpo que tenga otra geografía y una boca que tenga otro gusto. Entiendo la necesidad de “estar con otro cuerpo”. No es que sea moralista ni puto mal cogido (aunque generalmente me toca ser activo y lo de mal cogido me cuadre un poco) sino que me pregunto por qué carajo el tipo que quiere estar conmigo durante todo el día, acompañarme en las buenas y en las malas, lavar los platos mientras yo seco, poner la mesa, presentarme a su mamá y recordarme que tome el omeoprazol, se calienta pensando en el chico del delivery, recorre con la mirada todo el restaurant buscando un levante como si fuera un ventilador de pie, cada vez que va a un baño público fantasea con que se la chupen y tiene un perfil trucho en facebook sólo para contactar posible amantes?

¿Por qué me rompe las bolas esta situación? Porque, por lo general, yo me enamoro de gente que me calienta mucho; para mi el buen sexo es lo “no negociable” en la pareja. Después vemos si roncas muy fuerte, si te gusta el cine de autor o te jode el humo del cigarrillo. Todo eso se puede solucionar con una buena charla. Pero lo que no se puede arreglar de ningún modo es la falta de química entre los cuerpos, lo que no hay no hay. Si no tenemos piel, por más que me lleves el desayuno a la cama y te acuerdes de que hoy cumplimos tres meses hay algo que falta y con lo cual no puedo transar.

Mi conflicto es: con los hombres con los que tengo sexo del mejor, ese que nos hace reconciliar con nuestras porongas, agradecer que todavía se nos pare, felicitarnos por haber hecho dieta, usar la flexibilidad que logramos en las clases de yoga y dispara nuestra lengua por lugares recónditos; suelo durar poco más que dos o tres encuentros en el mejor de los casos. Y con aquel con quien el sexo fue algo que podríamos ubicar entre “mediocre” y “francamente olvidable” es el que me llama para salir a andar en bici un domingo a la tarde. Un súper programa si me lo ofreciera el tipo con el que cojo bien!

En fin, volviendo a la pregunta de ¿por qué lo erótico se nos disocia de lo tierno? La primera respuesta que se me ocurre es la obvia: la pasión declina con el paso del tiempo. Pero, dado que tengo cierta tendencia conspirativa, creo que tiene que ver con la culpa judeo cristiana. Justo da la puta casualidad que el sexo del bueno es lo que queda afuera de una relación de la buena. Como si el amor no se permitiese una buena cogida. Como si el sexo entre hombres fuera algo que excluye el amor. Y mira si resulta que todas estas locas que van por la vida saltando de cama en cama, en realidad le están haciendo el juego a una postura homofóbica. 

Sí, ya se, me puse demasiado conspirativo!

El salmón rosado

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