domingo, 5 de junio de 2011

Sobredosis de putos

Hay días en que la comunidad gay (en la cual me incluyo) me harta; me provoca sobredosis de putos y me dan ganas de tomar alguna mágica pastilla que me convierta instantáneamente en un family guy. El problema no es, exactamente, las inexplicables costumbres de gran parte de la homosexualidad porteña. Uno puede convivir con ellas, acostumbrarse y hasta mirarlas con displicente simpatía.
El conflicto (mi conflicto para ser honesto y asertivo) es cuando esas putas costumbres –que ya conozco y reconozco – me impactan en un número insoportablemente alto durante un tiempo desgraciadamente corto. Ese es el momento de la sobredosis, del hartazgo, del brote homofóbico, del deseo irrefrenable de tomarme un avión a Putolandia donde me reciba un oso disfrazado de Tinker Bell y me diga “Que hacés chabón, te estábamos esperando”.
Ustedes podrán pensar, con todo derecho, que soy un tío de pocas pulgas, un cabrón incurable, un malcojido insatisfecho o cualquier otra cualidad que quieran endilgarme. Quizás hasta tengan algo de razón! Pero yo les pediría que antes de hacerlo se tomen el trabajo de leer las próximas líneas y me digan honestamente si a ustedes, de haberles pasado lo mismo, no pensarían muy parecido a mí.
1) Un viernes a la noche, a través de Manhunt (ya di de baja el perfil), me pongo a chatear con un chico “virtualmente encantador” con el que tuvimos muchas coincidencias con respecto a nuestra mirada sobre el mundo. Después de varios minutos de chateo entusiasta me propone (Sí, es él quien lo propone) vernos el fin de semana. Yo, tomando en cuenta que era viernes a la noche le pregunto:
_ ¿Cuándo te parece bien?
La respuesta fue un pantanoso “bueno…hablamos durante el finde”.
_Ya estamos en el finde, le respondo mientras busco un emoticón que transmita la idea “sos un pelotudo”.
_Bueno, si me ves conectado no dudes en hablarme, me responde como si fuera un chico de call center.
Ese día también di de baja la cuenta del msn que tenía para estos casos. Prefiero usar ese tiempo buscando pasajes con descuento a Putolandia.
2) Una tarde de aburrimiento atroz voy al sauna de Pueyrredón con la sana idea de tomar un buen baño sauna y, si la suerte me sonríe, tener un momento de sexo despreocupado sin mayores consecuencias que las que podría tener una bayaspirina tomada en ayunas. Apenas cruzo la puerta, me mira un hombre de mi edad muy bien parecido que, debo reconocer, me encantó apenas lo vi. Voy al vestuario y no llego ni a quitarme la campera que el viene detrás con la excusa de sacar no se que boludez del locker. La cuestión es que a los cinco minutos estábamos a los besos y echamos un polvo que quedará en mi memoria. Después, cosa rara en esos lugares de sexo rápido, frenético y cosificado; tuvimos una hermosa charla mientras nos acariciábamos desnudos en la camilla. La charla siguió en el living del lugar donde él me propuso (sí, él nuevamente) ir un día a la casa para que me explicara cómo mierda se usa el iMovie. (Después me enteré que el Imovie sólo corre en Mac; yo tengo PC así que la visita venía mal barajada desde el vamos). En medio de tan agradable tertulia, le comento que yo iba a retirarme (fue tan buena la sesión de sexo que tuvimos que hasta me olvide de mis ganas de baño sauna). El sube conmigo alegando que también tenía compromisos y tenía que irse. Me pide que lo espere abajo para que pueda darme su tarjeta. Así lo hago, a los cinco minutos aparece y caminamos un par de cuadras juntos. El par de cuadras se convirtió en las diez cuadras que me separan del sauna. Cuando llegamos a la esquina de mi casa se ofrece acompañarme hasta la puerta. Ahí nomas, rápido de reflejos le digo naturalmente:
_¿Querés pasar a tomar un café? Cosa a la que él accedió con gusto.
No sean mal pensados, no era un ladrón que quería dormirme para llevarse las joyas de mi abuela, era un tipo honesto, inexplicable pero honesto.
Una vez en casa, café por medio, llegó el momento del segundo polvo que fue tan bueno como el primero. Antes de irse, me deja su tarjeta, insiste con que quería explicarme cómo usar el maldito programa y se va dándome un besito en los labios. Ese mismo día recibo su pedido de amistad en Facebook.
Yo tenía su tarjeta que él me había dado sin que yo se la pidiera, me habilita para que lo contacte y me agrega a su red social. Me pareció muy natural llamarlo. Bueno, nunca me atendió el teléfono ni contestó mis mensajes ni mails. Después no queres que me encabrone!
3) Conozco a un taurino cien por ciento. Un verdadero toro que sólo le faltaba bufar y restregar la pata contra el suelo. Un machote lindo con su buena dosis de ternura y (me enteré después) su buena carga de neurosis. Un día tomamos un café, otro día fui a tomar mate a su casa y por último me invita a comer a su departamento. La misma historia: sexo del bueno, mimos súper afectuosos, pedido de que le pasara algo de música en mp3 y hasta miramos un programa boludo de TV mientras nos acariciábamos en el sofá. A partir de ese día me contactó todas las noches por msn (la misma cuenta que cerré después del nabo del fin de semana). Sí, él me contactó!!! Durante las charlas, que eran divertidas debo reconocer, no se terminaba de definir ninguna onda. Una noche parecía un novio y a la siguiente, un viejo amigo de años. Como a mi no me gustan las aguas demasiado ambiguas, le pregunto directamente si tenía ganas de que saliéramos un día juntos, si tenía deseos de que nos acostáramos nuevamente. En fin…la pregunta apuntaba a saber qué mierda estábamos haciendo chateando todas las noches como dos adolescentes.
_ No se….si da para coger cogemos, si no da no cogemos…podemos ser compinches…pero hay onda…no nos conocemos mucho.
Acto seguido me dijo que tenía que cocinar (eran las 11 de la noche) y se desconectó.
Tres experiencias nefastas en menos de quince días. Tres casos de…histeria puteril? Inmadurez emocional? Miedo al encuentro con el otro? O simplemente…mi propia boludez que no termina de sacarle la ficha a los códigos de una comunidad bastante particular???? Qui lo sa.
El salmón rosado

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