miércoles, 15 de abril de 2009

El casado

Siempre pensé que el homosexual casado era un hombre cobarde que no se animaba a hacerse cargo de su sexualidad y contraía matrimonio para encajar dentro de los parámetros que le habían inculcado. También lo veía como una persona egoísta que no le importaba tomar a su esposa como una cosa que le permitiera sacar patente de “normal”. Hasta llegué a pensarlo como un gran sinvergüenza después de conocer a Guillermo, una de mis ex parejas. Guillermo quería tener hijos, entonces se puso de novio con Ernestina y (mientras alquilaba un bulo que llenaba de chongos) le hizo cuatro críos a la pobre mina. Cuando los nenes eran chiquitos, Guillermo decidió que tenía derecho a gozar de una sexualidad libre y la dejó en banda con los párvulos sin cuestionarse un instante sobre la responsabilidad que le cabía. Había cumplido su capricho, quería ser padre y no le importó tomar a una mujer como una fábrica de gente y después bajar la cortina como quien pide la quiebra.
Luis, un médico con una sonrisa irresistible, vivió casado hasta que su mujer murió de un cáncer terminal que lo convirtió automáticamente en viudo y en una persona libre para acostarse con el hombre que quisiera. Si no hubiera pasado esa desgracia, hubiera seguido de trampa en trampa diciendo que trabajaba hasta tarde en el consultorio cuando en realidad se iba a Contramano a revolear las caderas.
Digamos que mi imagen del gay casado era bastante mala por no decir siniestra. Pero, el último verano me encontró en Mar Azul descansando unos días con un matrimonio amigo y su hijo de cinco años. A los cuatro días de compartir comidas, salidas tempranas y paseos por la playa yo sentía unas irrefrenables ganas de acción gay. Mar Azul es como lo describe la publicidad de Quilmes, no pasa nada. Sin embargo, en ese desierto de emociones que es el balneario hay una playa nudista a poca distancia del centro. Más que entusiasmado me fui hasta allá no sin antes pasarme protector solar en todo el cuerpo.
Cuando estaba tirado en la arena, desnudo de ropa y de preocupaciones, se me acercó Rubén, un director de una escuela del conurbano bonaerense. Era un tipo simpático, cincuentón, homosexual y casado. Estuvimos compartiendo una gaseosa un buen rato y (antes de que termináramos teniendo sexo atrás de un médano) salió el tema de estar casado siendo gay. Rubén vivía la situación con cierta culpa. Por un lado, no podía dar rienda suelta a su homosexualidad dado que tenía que buscar las condiciones adecuadas para no ser descubierto y, por otro, se moría de ganas de salir a la calle y no dejar títere con cabeza. Su situación a mi me pareció bastante patética pero le comenté que cada uno vive como puede, como le sale y como le da la gana. El hecho de estar casado no lo invalidaba para un buen revolcón en la playa.
En medio de la charla, después de decirme que si hubiera vivido su sexualidad desde joven “hubiera hecho un desastre” me dijo mirándome a los ojos y con una honestidad incuestionable: yo no podría haber vivido sin una familia.
Y así era. Rubén quería llegar a viejo con nietos correteando alrededor, una mesa enorme los domingos al mediodía y vacaciones familiares en lugares como Mar de Ajó o Miramar. Y estaba dispuesto a pagar el precio de su deseo: iba al sauna sólo una vez al mes para no levantar sospechas; curtía (muy eventualmente) únicamente con tipos de los que estaba absolutamente seguro de que eran híper discretos, jamás daba ningún dato de contacto a ningún levante y priorizaba a su familia sobre su deseo sexual. Uno puede no estar de acuerdo con Rubén (de hecho no lo estoy) pero hay que reconocer que el tipo se mueve con buenas intenciones. Quiere una familia y se hace cargo de su deseo, renuncia a lo que tiene que renunciar y es absolutamente honesto con la gente que conoce. Lo que me gustó de Rubén es que no convierte a su mujer en una cosa, no engaña a sus levantes con falsas promesas y se hace cargo de la decisión que ha tomado.
Rubén no lleva la vida que a mí me gustaría llevar pero el tipo eligió una vida y es consecuente con su elección. Por sobre todo, trata de brindar un amor responsable…y eso está bueno.

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